Y si, nos conocimos en internet, en la página de encuentros de famoso administrador. Me gustó en sus fotos y su forma de escribir y lo que escribía y me llamó la atención que fuera budista, así que le dije: "¿qué puede hacer un hombre honesto para conocer una mujer hermosa como vos?". Así, nos empezamos a escribir y fuimos coincidiendo en gustos e intereses y sueños e ilusiones. Y resultó, pregunta que pregunta, que ella era abogada y le dije "yo también" que estudió y estudia la especialidad en la UNAM y le dije: "yo doy clases en la facultad de la UNAM" y "¿en dónde?" le pregunté: "en la unidad de posgrado", me respondió: "yo también" le dije: "¿en qué salón?" le repliqué: "en el cinco" me dijo, "y yo en el seis" y ante tan bienhadados augurios decidimos conocernos personalmente. Me extrañó no haberla visto antes, aunque era su primer semestre de la especialidad. Un día apareció toda vestida de naranja en la puerta de mi salón, nos vimos a los ojos y de inmediato sentí la literal flecha del amor atravesando mis sentidos. Nos vimos a la salida y la llevé al estacionamiento y al despedirnos tuve el atrevimiento de abrazarla. Y no la he soltado más...
lunes, 15 de marzo de 2010
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